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Manotazo desde arriba para imponer el orden, escribe Julio César Silva desde el Palco

 

Platón consideraba al gobierno como el guardián del orden.
Y es que el progreso depende en gran parte de algunas cualidades o actitudes entre las que se destaca el orden, un elemento muy sencillo, pero de gran importancia para la realización de la persona y de la sociedad civil.
La carencia de orden conduce en mayor o menor grado al caos. Si vivimos en una vida desquiciada, fragmentada, rota, es de vital importancia reencauzar, retomar nuestros fines, nuestros objetivos como individuos y sociedad.
Y ¿Cuál es el fin, el objetivo de una industria turística como la asentada en Quintana Roo? Vivimos en la principal región turística de América Latina. Naciones gigantescas como Brasil y Argentina no reciben la cantidad de visitantes internacionales que llegan cada año al Caribe mexicano.
A fines de los años 60 y principios de los 70 Cancún fue concebido para generar riqueza, para detonar la deprimida economía del sur-sureste del país y diversificar los ingresos por concepto de divisas de México.
En la Península se acababa la riqueza derivada del cultivo del henequén y aún no se descubrían los yacimientos de petróleo en Campeche. Entonces se impulsó al turismo para rescatar la economía regional.
Pero se hizo con orden. Cada uno de los protagonistas hizo su parte y cada pieza fue ensamblada casi a la perfección para generar la riqueza que fue extendiéndose, reinvirtiéndose en la creación de otros productos turísticos cuyos beneficios permearon también en el desarrollo de entidades vecinas.
Sin embargo, hace mucho que se perdió el orden. O los viejos pactos que lo mantenían al margen de las leyes ya no funcionan por la nueva composición política que vive el país y el propio estado, que ha modificado la relación entre las diversas fuerzas políticas.
Los constantes enfrentamientos entre taxistas agrupados en los diversos sindicatos y los de la plataforma digital Uber, que han ocasionado muertes como la de esta semana, es muestra de ese desorden que prevalece y que puede romper con la línea de progreso que hasta ahora ha tenido el Caribe mexicano.
Uber actúa fuera de la ley y el orden. Y eso es grave.
Los taxistas sindicalizados operan con la legalidad que les da sus concesiones, pero están fuera de orden y, lo que es peor, actúan como autoridad. Y eso es muy grave, pues nadie que no sea el Estado puede imponer la autoridad.
Luego de los hechos en los que perdió la vida un taxista mientras forcejeaba con el conductor de un Uber, el secretario de gobierno Francisco López Mena advirtió justamente eso: el orden es una tarea que le corresponde al estado y no a instancias gremiales o a organizaciones particulares.
Hay que imponer el orden en la competencia.
El funcionario tiene claro lo que tiene que hacerse más allá de colores partidistas. Es un ciudadano que desde la trinchera de gobierno quiere hacer bien las cosas.
Sin embargo, sus buenas intenciones chocan con los intereses de otros funcionarios que quieren seguir manejando a las agrupaciones sindicales con fines electorales.
Hace falta un manotazo sobre la mesa para imponer el orden desde arriba o de lo contrario el desorden se llevará al progreso entre las patas.

Platea
El gobernador Carlos Joaquín González realiza la tarea que le compete para restaurar la imagen del estado como destino turístico, afectada en Estados Unidos por el famoso “warning”.
Hay información que indica que su reciente visita a Estados Unidos para entrevistarse con alto funcionarios federales de ese país está rindiendo frutos y es muy probable que en cualquier momento saquen a Quintana Roo de la lista de destinos considerados peligrosos para los viajeros estadounidenses.
Ese es el rumbo que se debe tomar. Recordar cuál es el fin de esta región turística del país.

 


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