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Tita y su Papalote, de la escritora Leticia Flores Delfin

TITA Y SU PAPALOTE

Tita y su amigo Toño a veces iban juntos al parque para ver cómo los niños elevaban sus papalotes. Les parecían grandes pájaros coloridos que podían competir con otros en forma de dragones, ovnis y alebrijes.

Estaban decididos a hacer volar el suyo y esa tarde, con sumo cuidado, dejaron en el suelo a su papagayo, por ser de Yucatán así le llamaba Toño a los papalotes, aunque en otros lugares también les conocen como barriletes.

Extendieron el hilo para elevarlo con precisión, parecían dos pilotos a punto del despegue. Cuando se echaron a correr, Tita sintió como si se hubiera trabado el hilo en algo y al voltear, vio a Pirinola su perrita, sujetando al papalote entre sus fauces: en unos segundos lo había destrozado.

No lo podían creer. Ambos tenían los ojos como plato.

—¡Pirinola!-, gritó Tita enfurecida.

Pero la perrita sólo meneaba la cabeza para un lado y otro sin soltar lo que quedaba del papalote.

Fue tanto el coraje de Tita que levantó la mano amenazante y se lanzó hacia ella decidida. Casi le suelta el manotazo cuando algo la detuvo. Quería darle un buen golpe pero se acordó de su abuelita y la vez que Pirinola siendo cachorrita, rompió el florero que tanto trabajo le había costado hacer. Ese día en lugar de enojarse, respiró profundo y comenzó a contar: 1, 2, 3, 4, 5… cuando ya llevaba más de cien Tita le dijo:

—¿Para qué cuentas abue? Dale duro con el periódico para que aprenda.

—No Tita, nunca un golpe para enseñar. Si le pegas sólo causas dolor y no solucionas nada.

Toño sólo escuchaba la respiración profunda de Tita mientras levantaban los pedazos de papel y la larga cola multicolor del papalote.

—¡Tanto trabajo para nada!-, se quejó Toño.

—Vamos a hacer otro y verás que nos va a quedar más bonito.

—¿Y le vamos a poner un nombre?

—¡Sí! Le llamaremos….

—¡Rayo púrpura!

—¿Rayo púrpura?

—Sí, ya me lo estoy imaginando…

Esa misma noche Tita y Toño se reunieron para contar el dinero de sus cochinitos y comprar el material para darle vida a su papalote: papel de china amarillo, azul, naranja, y por supuesto morado.

—¿Sólo eso necesitamos?-, dijo Toño.

—Sí, reciclaremos el hilo y la cola con moñitos de tela del otro papalote. Mi mamá hará el engrudo con harina y agua, solo falta que vayamos por las varitas de las hojas de palma para hacer el armazón.

—Tenemos que ver que estén bien secas para quitarle las hojas fácilmente y que las varas estén bien fuertes. ¿Le decimos a mi papá que nos ayude?-, propuso Tita.

—Claro, ya ves que a tu papá le quedan bien bonitos.

—Es que él hacía muchos papalotes cuando era niño, y los vendía, por eso ya tiene mucha experiencia.

Llegó el sábado esperado y Elvia, la mamá de Tita empezó a preparar el engrudo, mientras que don Jorge elaboró con los niños el esqueleto del “Rayo púrpura”, todos estaban entusiasmados, Pirinola brincaba de un lado a otro y ponía las patitas en el asiento de la silla como queriendo participar. La música sonaba en la radio y los chicos hacían locuras: levantaban los brazos victoriosos con cada avance, bailaban en un pie cada vez que colocaban una estrella.

Toño se encargó de trazar, recortar y pegar un gran rayo morado en el centro del papalote. Tita le agregó un borde naranja para que quedara más vistoso y entre todos le colocaron un flequillo en todo el contorno. Al caer la tarde levantaron juntos el trofeo: Estaba listo “Rayo púrpura”

—Mañana mismo comienza nuestra temporada de papalotes,-dijo don Jorge abrazando a doña Elvia-, Toño no olvides invitar a tus papás.

—Sí señor, a ellos también les encanta ir a Playa Delfines.

El reloj marcaba las cuatro de la tarde y todos estaban listos, había buena corriente de aire y Pirinola ladraba y saltaba con algarabía. Los niños sostenían cada uno un extremo del papalote mientras que doña Elvia tomaba el carrete de hilo entre sus manos y don Jorge extendía la larga cola de tela con moñitos de colores. Los papás de Toño ayudaban a controlar a Pirinola. El aire alborotó las cabelleras y “Rayo púrpura” empezó a estremecerse, Toño y Tita tomaron el control y corrieron contra el viento.

Doña Elvia tomó en sus brazos a Pirinola y los padres de Toño sacaron sus celulares para tomar fotos y también video. Así quedó registrado el primer vuelo de “Rayo púrpura”, sobre el azul turquesa del mar Caribe y la cálida arena blanca de la playa más bonita de Cancún.