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La crisis de Playa del Carmen, escribe Julio César Silva desde el Palco

Lo que ocurrió la madrugada del lunes en Playa del Carmen es consecuencia de la dejadez, de la falta de interés, incluso de la complicidad de las autoridades de todos los niveles que en el mejor de los casos prefieren voltear la vista hacia otro lado y no ver lo que ocurre en el ámbito de sus responsabilidades.

La masacre que dio la vuelta al mundo no se fraguó la madrugada en que ocurrió.  Fue perpetrándose paulatinamente con el paso de los años con cada acto de impunidad, con autoridades permisivas que “combatieron” a la delincuencia evitando la difusión de los hechos delictivos con el argumento de proteger a la industria turística y quizá para ocultar también sus complicidades.

Cancún y Playa del Carmen son los grandes polos elegidos por la delincuencia como plataforma para sus actividades, para su negocio y su ajuste de cuentas. El llamado “corazón” de la Riviera Maya es desde hace varios años el centro de operaciones de diversos grupos delictivos, incluso perseguidos por la justicia de Estados Unidos que han encontrado allí un rincón para trabajar, divertirse y esconderse, sin que ninguna autoridad mexicana ya sea local o federal los moleste.

Justamente el festival de música electrónica en el que ocurrió la masacre del lunes es un ejemplo visible de lo que se puede hacer con autoridades permisivas, las que ya se fueron porque nunca quisieron ver lo que ocurría adentro de ese evento y las actuales que ni siquiera saben si el bar “Blue Parrot” cuenta con sus permisos en regla.

Eso sí, la presidenta municipal de Solidaridad, Cristina Torres, ofreció investigar si ese negocio está en regla con todos sus permisos, incluyendo los de Protección Civil, pues quedó en evidencia que el lugar no tenía las salidas suficientes… o quizá el personal de seguridad no permitía que la gente saliera.

Más allá de que se trate de un evento musical y se defienda desde ese punto de vista, el mencionado festival, que se realiza desde hace diez años, tenía como uno de sus principales atractivos la distribución de droga.

Incluso, los organizadores cuentan con instalaciones en un lugar apartado de Playa del Carmen donde dan auténticas fiestas “rave”. El evento del “Blue Parrot” era la parte “light” por tener como sede un lugar en zona urbana.

Quienes han asistido a esa fiesta afirman que los baños de los lugares sede son auténticos mini supers de droga, pero las autoridades se hacían de la vista gorda. Evidentemente alguien transporta los estupefacientes hasta Quintana Roo, alguien los distribuyes y alguien los comercializa en los puntos de venta, pero nadie vio ni hizo nada.

Lo de la masacre es consecuencia de todo lo que no se ha hecho en materia de prevención y seguridad. ¿Qué se hará en adelante?

Playa del Carmen está en crisis. José Antonio Mead, el secretario de Hacienda, dijo esta semana que la gallina de los huevos de oro, el petroleo, ya se “secó”, que ahora el turismo produce más divisas que la industria petrolera. Ojalá no se seque y que tenga la responsabilidad gubernamental que no hubo en la explotación del subsuelo.

Platea

La presidenta municipal de Solidaridad, Cristina Torres, quiso deslindarse con el argumento de que la seguridad dentro del “Blue Parrot” no es su  responsabilidad. Tiene razón, pero solo parcialmente. Cuenta con ella cuando afirma que la instalación es privada y debe contar con su propio personal de seguridad, pero no la tiene si se toma en cuenta que, privado o no, personal de Protección Civil debió revisar el lugar para garantizar la integridad física de los asistentes.

Seguridad no es solo poner policías.