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#ELCUENTO El jefe de grupo, de la escritora Leticia Flores

EL JEFE DE GRUPO — real.
La maestra Mirna cruzó el patio del colegio para dirigirse a su salón. No sabía cómo hacer para que sus estudiantes  tomaran una importante decisión: elegir al  jefe de grupo, pensó varias posibilidades, que los chicos propusieran a alguno de ellos, que surgiera alguien que quisiera serlo, o bien, ponerlos a prueba y seleccionar al más ordenado, honesto, solidario, justo y bien portado. No sería una tarea fácil.
Entró al salón y los estudiantes que se encontraban platicando y lanzándose bolas de papel, en automático se pusieron de pie y saludaron.  “Buenos días, maestra”, se escuchó al unísono, como el inicio de una canción. La maestra tuvo tiempo de observarles a todos especialmente a Polo que atravesó todo el salón para llegar a su lugar.
—Hoy elegirán entre sus compañeros al jefe de grupo.
Tan pronto la maestra terminó la frase los alumnos intercambiaron miradas y sonrisas cómplices llenas de expectación.
Es muy importante que sea una decisión de la mayoría.  Que les parece si cada uno anota en un papelito el nombre de quien proponen y lo pasan a dejar en esta caja, luego haremos el conteo, poniendo en el pizarrón el nombre de los que tuvieron más votos recuerden que un jefe de grupo debe ser un alumno con buena actitud, un buen líder capaz de apoyar a sus compañeros y por supuesto ser honesto.
Los alumnos sacaron sus cuadernos, cortaron un pedazo de hoja y empezaron a anotar los nombres, algunos tapaban su texto con la otra mano, otros en complicidad señalaban con la mirada a un tercero. Todo sucedía con tal silencio  que solo se escuchaban las aspas del ventilador. La maestra los observaba con curiosidad y asombro, nunca pensó que fueran a interesarse tanto por la elección.

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Ella anotó en el pizarrón los nombres de todos los que fueron propuestos, y les dijo que pensaran muy bien cuál de ellos recibiría su voto al final del día.
Antes de salir al recreo, la maestra les dio un cuestionario que le serviría no solo para evaluar sus conocimientos sino para elegir al mejor candidato a jefe de grupo
Cuando sonó la chicharra, todos se fueron a jugar, solo Sofía, Mario y Joel se quedaron en una banquita afuera del salón. Mario le cambió su torta de huevo  a Joel, ya que él llevó su favorita: una de crema de cacahuate. Sofía no sacó su tentempié, un pastelito de coco con piña preparado por su abuelita; prefirió hojear su libro para buscar las respuestas que no supo contestar y luego se fue a jugar con los demás.
Algunos chicos jugaban a la cuerda, otros a la lotería,  más allá brincaban “el avión” y sobre un cuadrito de tierra jugaban a las canicas.
Cuando sonó la chicharra entraron presurosos, todos guardaron silencio, expectantes esperaron las instrucciones de la maestra que muy seria los observaba. Durante el recreo la maestra Mirna había calificado todos los cuestionarios y había cotejado los resultados con la lista de los niños que podrían ser jefe de grupo; curiosamente coincidían las mejores calificaciones con los nombres propuestos. Lalo, Vange y Sofía. Los hizo pasar al frente y les preguntó: —¿Porque resolvieron mal las tres últimas preguntas?.
Lalo contestó:
—Es que no sabía las respuestas maestra, así que puse lo que yo creí, a ver si a alguna le atinaba.
 Vange dijo:
—Maestra, si no nos ha enseñado lo que venía en el examen, cómo podíamos resolverlo, era lógico que las íbamos a sacar mal
.  Sofía comentó:
—Efectivamente, maestra, las preguntas eran de un tema que no habíamos visto, pero yo sabía que estaba en el libro porque ya lo había hojeado, y en el recreo busqué la información y ahí estaba. Al principio pensé que no era justo el que nos preguntara sobre algo que no sabíamos, pero luego comprendí que era una invitación para que investigáramos por nuestra cuenta.

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La maestra dijo:
—Lo que cada uno de ustedes me ha dicho es correcto, la única diferencia es la actitud que tuvieron, no solo para responder el cuestionario, sino al momento de pasar al frente, ustedes tres tienen la misma posibilidad de convertirse en el jefe de grupo, pero será su actitud la que determine si están preparados para ello o no.  Luego miró al resto del grupo y les pidió que votaran por uno de sus compañeros. Uno a uno sonaron los nombres y se contabilizaron las manos levantadas. Sofía ganó por diez votos a favor.
—Sofía, ya eres jefe de grupo, ¿cómo te sientes, que piensas?
—Estoy muy contenta y sé que es una gran responsabilidad, por eso quiero invitar a que Lalo y Vange sean parte de este reto. Propongo que Lalo se encargue de los préstamos de la biblioteca del salón, y que Vange sea  el responsable de la ludoteca, y que juntos decidamos el reglamento interno del grupo.
La maestra Mirna sonrió satisfecha, levantó las manos y las agitó alocadamente ante la mirada extrañada del grupo, entonces explicó:
—Es un aplauso silencioso, así aplaudimos para no interrumpir a los otros grupos, ¿quieren aplaudir conmigo?
Todos agitaron sus manos y la maestra pensó “será un excelente año escolar”